EL PEOR DESASTRE DE PINTURA


 
Se trató de un MIG-29 en escala 1/32 que aparentemente estaba en perfectas condiciones. Había pasado ya un año desde su finalización, y volvía a cogerlo para comprobar que el problema había desaparecido. Pero el problema para mi sorpresa seguía ahí.

La pintura se volvía blanda en los puntos de contacto con los dedos a los pocos segundos pero no pegajosa. Parecía seca.

La situación era tan grotesca que en días muy calurosos, si apretaba fuerte quedaban marcadas las huellas digitales. Posiblemente si hubiera querido, podría haber empujado la pintura y se habría arrancado de la maqueta con toda suavidad como si fuera una capa finísima de látex.
En aquella època compraba las maquetas y los materiales en la tienda MAQUETAS LARA en la ciudad de Valencia donde vivía entonces. Y pregunté a su dueño Antonio Lara.

Antonio es uno de esos modelistas excepcionales muy respetados de largos años de experiencia y que siempre ayudan a los demás. Pero mi sorpresa fue aún mayor cuando vi que se quedaba tan sorprendido como yo.

Antonio hizo las preguntas lógicas de rigor. Tipos de pintura, capas y duración de secado. Se utilizó una imprimación de acrílico blanco para aprovechar su intensidad de color y capa completamente lisa. Se dejó secar durante meses por mi escaso tiempo por mi trabajo como analista informático, pero también por precaución. Y sólo después se pintó la maqueta con esmalte. En principio nada extraño al haber respetado con creces los márgenes de tiempo de secado.
Pasados un par de meses y cuando pensaba que ya se había olvidado me dijo "ya tengo la respuesta a tu problema".

La primera capa de acrílico había secado perfectamente durante meses.

El problema se produjo al aplicar la segunda capa de esmalte bastante disuelto con disolvente para cubrir con una capa muy delgada y ligera.

El disolvente atacó a la capa inferior de acrílico, que no está preparada para este tipo de acidez. Y la pintura pese a haber estado seca, se disolvió bajo la capa de esmalte.
Uno no percibe lo que está pasando por debajo de la capa superior. Sólo ve que la capa superior de esmalte tiene aspecto de estar seca y se procede a dar la segunda capa ligera.

El efecto aunque parezca increíble, es que se ha creado una película plástica completamente seca, por encima de una capa inferior de acrílico que está siendo atacada por el disolvente.

Esta película plástica superior, que es más resistente al ácido del disolvente, impide que el disolvente se evapore de la parte inferior. Dejando una pasta que nunca se seca, y cuya reacción aumenta con el calor del tacto de los dedos.
Tanto Antonio como yo éramos muy conscientes de los riesgos de mezclar acrílicos con esmaltes. Pero ninguno teníamos ni idea de que las reacción química pudiera llegar hasta este punto.

En todo caso la pintura que use un disolvente más ácido ( esmalte ) debería estar en la capa inferior y el acrílico en la superior. O en caso contrario, debería ser una capa tan ligera que dejase transpirar a la pintura acrílica de la parte inferior.
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